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La Institucionalidad.- La Fractura Institucional De Colombia.-
En los regímenes de representación popular, logro de la lucha burguesía contra las monarquías feudales, los tres poderes, institucionalmente deben ser una unidad en la que se respete la independencia de cada uno y se colaboren en la función del Estado.

Autor: Ulises Casas Jerez [casasulises@hotmail.com].
Crítica Política Número: 179.
Fecha: 12 de Junio de 2009.

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Lo anterior funcionó mientras la burguesía formó una unidad económico-política. El fraccionamiento burgués rompe esa unidad y colaboración y enfrenta los poderes entre sí.

Lo que está sucediendo en Colombia entre el Poder Ejecutivo, el Poder Judicial y el Poder Legislativo, no es otra cosa que la expresión ideológica y política de los diversos sectores de la burguesía colombiana en contradicción económico-social. Ya en otra ocasión anotamos que en esos tres poderes, en el caso de Colombia, se encuentran individuos que representan diversos sectores de clase de quienes detentan poder económico: la gran burguesía vinculada al capital internacional la expresa el Ejecutivo y buena parte del Legislativo; en el Poder Judicial, de un tiempo relativamente corto, se ha incrustado el sector medio de la población, lo que en un lenguaje pintoresco se ha denominado la “mediana y pequeña burguesía”. Esta pequeña burguesía es radical porque teóricamente pretende ser la continuidad de los jacobinos y radicales de la Revolución Francesa de 1789. Se enfrenta a la gran burguesía y, algunas veces, a la mediana; este enfrentamiento se debe a que en esos sectores pequeño-burgueses predomina el elemento intelectual y académico, por lo tanto, improductivo materialmente pero con una visión de sociedad futurista idealista, es decir, supuestamente teórica. Esos sectores, representados en lo que llaman “izquierda han llegado al poder como sucedió en Rusia con Lenin, Trotsky y su grupo; en otros países de la Europa Oriental sucedió parecida situación y en Cuba, con Fidel y sus compañeros; es esa pequeña burguesía, profesionales de diversas ramas, los que gobiernan o pretenden gobernar en una parodia de supuesta “representación popular”.

En las anteriores condiciones, las sindicaciones del Ejecutivo contra las altas Cortes, de éstas contra el Legislativo y el Ejecutivo, no es sino la expresión ideológica y política de dichos sectores de clase propietaria. Porque no vamos a pensar que los miembros del poder Judicial son proletarios o los del Legislativo o el Ejecutivo. En todos los poderes del Estado Colombiano se ha incrustado la corrupción y esto lleva a que cada uno de ellos se acuse mutuamente de las mismas conductas. En un estudio académico se ha concluido en que el poder judicial es el más corrupto de los tres; esto se explica porque es el que mayor incidencia tiene en la regulación de las relaciones económicas de los ciudadanos y es allí en donde se mueven las mayores sumas de dinero e intereses económicos de la sociedad colombiana.

Lo sarcástico es que cada quien se siente perseguido por el otro y se enfada porque se le investigue cuando muy bien sabe que ha cometido irregularidades y que quien lo investiga también. Los tres poderes institucionales se encuentra corroídos por la corrupción en gran medida. Podemos afirmar que muy pocos de sus integrantes pueden ser honestos y honrados. Todos los días vemos evidencias de irregularidades en los funcionarios del Estado y cómo éstos siguen campantes en sus puestos y curules. De tiempo atrás es el dinero del narcotráfico, del contrabando, de los sobornos, cohechos, concusiones y otra clase de delitos los que proliferan en todas las instancias del Estado.

El Estado colombiano se encuentra dentro de una estructura institucional ilegítima como resultado del desarrollo de una economía sustentada en gran parte por el poder del tráfico de narcóticos, el tráfico de influencias y el robo al tesoro nacional. En esto vienen participando, desde décadas pasadas, un buen número de personas no solo de diversos estratos sociales sino de las instancias del Estado. Quienes cuestionan al gobierno actual y formaron parte de gobiernos anteriores no tienen autoridad moral para venir a denunciar situaciones que ellos cohonestaron y de las cuales se lucraron.

Lo más grave es la inexistencia de una alternativa inmediata que pudiera superar esta situación y, por el contrario, se pretende sostener todo ese aparato corrupto y corruptor como parte de una supuesta institucionalidad nacional.

Ninguno de los poderes actuales del Estado tiene autoridad o legitimidad para juzgar al otro. Por ello, lo más posible es que todos ellos se absuelvan mutuamente y la situación de prolongue indefinidamente, como viene sucediendo. El caos interinstitucional toma, cada vez más, mayores dimensiones y puede posibilitar una salida completamente traumática para la nación colombiana.

Quienes venimos construyendo estructuras colectivas conocemos lo anterior y es por ello que llevamos adelante el proceso de una nueva sociedad con las concepciones del materialismos filosófico dialéctico.














Video completo aqui con Ares.




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