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CIUDADES EN DECADENCIA, PROVINCIA EN LA NATURALEZA..
Las grandes concentraciones urbanas son la expresión de la decadencia de la sociedad humana y la provincia la recuperación del humano en el ciclo evolutivo.

Autor: Ulises Casas Jerez [casasulises@hotmail.com].
Crítica Política Numero: 192.
Fecha: 13 de Julio de 2010.

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Eventos como los que cada año se llevan a cabo en ciudades como Bogotá de expresiones culturales, como en la música los conjuntos extranjeros y nacionales de rock y similares manifestaciones de ella, son formas que recuerdan similares eventos de épocas pasadas, incluso de la era de las tribus primitivas. En efecto, esos estridentes ruidos de instrumentos metálicos y eléctricos que generan gestos tribales de brujos primitivos y modernos, porque aún subsisten, son el producto de la decadencia de la sociedad capitalista consumista y forjadora de nuevos iconos. Esos jóvenes de ambos sexos que se contorsionan ante el estridente chillido de lo que llaman “música”, adoran a quienes los ejecutan como lo hacían las tribus ante el icono animista y mítico al que invocaban con sus gritos y algarabía en medio de similares contorsiones y pintados con toda clase de mejunjes,gravados en su piel y objetos insertados en sus cuerpos.

En los centros de la ciudad nos encontramos con el diario embrutecimiento mediante la ingerencia de bebidas alcohólicas, inhalaciones de sustancias de todo tipo, para encubrir esa angustia existencial producto de la decadente sociedad capitalista. En el caso de Bogotá, es un espectáculo vergonzoso el que dan gran parte del estudiantado en el sector colonial de La Candelaria cuando en antros de mala muerte se congregan para emborracharse con chicha, con marihuana, con otras más sustancias de estupefacientes. Una juventud que ha convertido en nuevos dioses a esos rockeros venidos de las grandes urbes decadentes de las potencias mundiales repletos de vicio y de dinero que obtienen de la misma gran empresa capitalista para conservar su dominio económico e ideológico; al mismo tiempo a los ídolos del deporte sin practicarlo quienes los idolatran. Los dioses de la juventud de la gran ciudad son los artistas, sin embargo de lo cual en el fondo está el dios de sus ancestros; porque es manifiesta la concurrencia al culto católico y al protestante por parte de esa juventud.

Mientras esto sucede en esa gran ciudad, la Provincia está poblada por gentes sanas, gentes que quieren su tierra, sus llanuras, sus colinas y montañas, la música de su entraña provincial. Es en la Provincia colombiana en donde se manifiesta una juventud que vibra de vida, de salud, entonando esas canciones que son expresión de la Naturaleza y de su entorno social. Es satisfactorio para la mente ver y oír jóvenes de energías físicas y mentales interpretar el arte propio, ejecutar el trabajo productivo, expresar la alegría de vivir en medio de la Naturaleza, lejos de la contaminación urbana de la gran ciudad. Aquí el deporte no ha sido convertido en otro objeto de culto sino de práctica real.

La gran ciudad es un espacio no solo de decadencia histórica sino de diversa clase de enfermedades; el humano de la gran ciudad no solo sufre de enfermedades físicas sino mentales; la contaminación genera diversidad de enfermedades pulmonares, el vicio produce otras de mayor gravedad. Pero la más grave es la mental: angustia, lo que denominan stress, psicopatías, adicciones de toda clase; y en la familia, la violencia que la va minando hasta destruirla, violencia física y violencia psíquica. El hijo contra el padre, la hija contra la madre, los hermanos entre sí, la violencia sexual, el incesto, la muerte…

Lo que asimila a la gran ciudad con la provincia es la creencia, así sea de diferente forma: tanto en la ciudad como en la provincia, la gran mayoría es creyente. Los jóvenes de la estridente y chillona música creen, los jóvenes de la música folclórica creen, son católicos o protestantes, pero creyentes. Esto es lo que tienen en cuenta los políticos para gesticular en la misma forma a fin de obtener credibilidad entre la población, así ellos no crean de la misma manera; cuando se ve al Presidente de la Nación invocar a su dios, rezar, y practicando toda clase de ceremoniales, las grandes masas tanto de la gran ciudad como de la provincia se sienten identificados y les dan su respaldo electoral. Unos y otros se identifican y sobre esa identificación van conduciéndose al final de una sociedad cuya estructura colapsa para dar nacimiento a otra. Así se cumple el proceso evolutivo de las sociedades.

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