IDEALISMO POLÍTICO Y MATERIALISMO HISTÓRICO.Los académicos oficiales y tradicionales afirman que las tesis del materialismo histórico son irreales.Autor: Ulises Casas Jerez
[casasulises@hotmail.com].
Crítica Política Numero: 193.
Fecha: 01 de de 2010.
Revista PDF...  
Comentar este artículo
 Escuchar este documento
  Compartir en FacebookLa mayor parte de quienes escriben u opinan sobre el acontecer histórico consideran que éste se desarrolla sobre la actividad y la voluntad de quienes se encuentran al frente de las diversas comunidades humanas que devienen en nuestro planeta. Filosóficamente, ese criterio corresponde al idealismo, como corriente predominante hasta el presente.
Al lado de la anterior corriente filosófica ha existido y sigue existiendo la corriente filosófica del materialismo; las dos corrientes han evolucionado al mismo ritmo que evoluciona la sociedad y todo lo existente. Las manifestaciones de estas corrientes difieren en el trascurrir de la Historia Humana. Para los idealistas, los numerosos filósofos de esa corriente son personajes de brillantes cualidades intelectuales y a su alrededor se desarrollan diversas interpretaciones de sus tesis. Desde los más antiguos hasta los más modernos han profundizado en la conceptualización filosófica y la interpretación del Ser, como manifestación de lo existente.
En la corriente materialista ha sucedido algo similar porque también sus representantes analizan e interpretan la misma realidad. Lo hacen de forma diferente y aportan fundamentales conceptos en ese sentido.
Quienes consideramos como acertados los conceptos filosóficos del materialismo, interpretamos el acontecer histórico como proceso en permanente evolución y cambio. La diferencia con la interpretación idealista consiste en que afirmamos que el cambio no depende de la voluntad de los individuos que componen el grupo o comunidad humanos.
En lo práctico, consideramos que la conducta, tanto personal como social y política de los actores del acontecer histórico, obedece a leyes que rigen todo lo existente y en particular el curso del acontecer social. En consecuencia, y para colocar un ejemplo, el capitalista no lo es por voluntad propia como tampoco lo es el obrero; esto en la sociedad capitalista. Porque los idealistas afirman que el capitalista es un ser humano “malo”, “explotador”, etc.; que el obrero es un pobre ser humano explotado y que se ha de levantar contra el primero para liberarse de esa explotación. Los materialistas afirmamos que el capitalista es producto de la evolución de la estructura económica de la Sociedad y que ello es histórico, es decir, temporal; de la misma manera lo es el obrero y todo ser humano. La consecuencia de esta concepción lleva a considerar que los gobernantes son individuos que ejecutan su papel de tales bajo la ley de la evolución social determinada por la evolución de la estructura económica: a cada diversa estructura económica responden quienes se encuentran al frente de su respectiva sociedad: en la comunidad primitiva, el cacique; en la esclavista mercantil, las instituciones calificadas como “democráticas” ( como la sociedad griega clásica y la romana); en el feudalismo, los reyes y emperadores y en el capitalismo los órganos de representación popular elegidos por la población en general. Afirmar que un gobernante es un ser que corresponde al fenómeno de la crueldad o del mal, es situarse dentro de un concepto muy antiguo que define todo lo existente como “bueno” o como “malo”; los materialistas afirmamos que no existe ni lo bueno ni lo malo, que todo lo existente lo es porque existe y que su calificación proviene de percepciones subjetivas. Quienes definen como bueno o como malo a un personaje lo hacen en función de los intereses que representa quien así lo hace. Los realmente materialistas consideramos que un gobernante, cualquiera que él sea, ni es malo ni es bueno; es un personaje que se encuentra ahí como resultado del proceso social, consecuencia o efecto de la evolución de la estructura material económica de su respectiva nación o comunidad. Profundizar en este concepto no es fácil ni posible para la mayor parte de la población que lo hace en forma inconsciente y subjetiva, lo que responde a su carácter instintivo y emotivo.
Estas definiciones de malo o bueno de un fenómeno poseen una esencia religiosa porque implica una valoración en función de una autoridad de ese carácter. La Humanidad ha devenido, en su estructura social y cultural, sobre preceptos o normas dictadas por quien o quienes han asumido y asumen el poder político, como consecuencia del poder económico. De ahí que siga imperando lo religioso como legitimante de la institucionalidad política. Las definiciones de bueno o malo se enmarcan en ese espacio y quienes somos materialistas, filosóficamente hablando, no lo consideramos en esa dirección; somos, en esencia, ateos en el real concepto de lo que esto significa; y para serlo no basta con decirlo pues, ello, exige mucha profundidad intelectual que no la posee cualquier persona.