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LOS ATEOS Y LA ECONOMIA.
Ponencia primer congreso mundial de ateos.

Autor: Alvaro Calle [alvarocalle36@hotmail.com].
Fecha: 01 de Enero de 2001.

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Mientras el humano como mayoría, sea esclavo de la necesidad, esto es, ignorante de las fuerzas materiales que determinan su existencia, la estructura económica se basará sobre los rudimentos instintivos del deseo sensible, por ello la generalidad de la mercancía así tenga apariencia sofisticada, tocará las elementalidades del instinto humano. La satisfacción de estos instintos o deseos sensibles determina, en última instancia, la realidad de las empresas económicas de la época actual. El capitalismo como parte del ciclo histórico de la actividad económica de la especie humana, se caracteriza por el consumismo debido al elemental nivel actual de la consciencia de la especie humana como generalidad; la consecuencia ló-gica de este fenómeno socioeconómico es el fetichismo de la mercancía, que arrastra al humano a su autodestrucción como ser material y pensante, en este sentido el humano del capital recrea nuevos dioses como el automóvil, la mujer de la publicidad y un sinnúmero de objetos alrededor de los cuales rinde culto y se aliena en ellos, estos dioses son de ca-rácter pasajero y perecedero por su desgaste ante la acelerada evolución de la producción y la publicidad, lo que en últimas provoca angustia en los individuos, a diferencia de los dio-ses antiguos de la cosecha, la fecundidad y la guerra que para los humanos eran la continui-dad natural de su agreste vida. Haciendo caso omiso de hechos particulares se puede afir-mar que la estructura socioeconómica actual reproduce constantemente, mediante la escuela y los medios, el esquema de lo sensible, de lo superficial, de la apariencia y de la no-crítica al estado de cosas imperante.

El ateo como humano excepcional que se libera de las ligaduras de la ideología dominante, implícita en el sistema socioeconómico que ya abarca al globo terráqueo, debe propender por crear espacios que permitan, de forma conjunta con otros humanos críticos, reforzar el análisis reflexivo y la permanente estructuración de formas socioeconómicas de nuevo tipo, esto es, el ateo debe intervenir efectivamente en la construcción de espacios económicos alternativos en donde su fin sea la libertad humana y no la ganancia, elemento este último, que cosifica a la especie toda.

Se llega a esta conclusión porque cuando tenemos la certidumbre de nuestra materialidad cambiante, sabemos que nuestro tiempo es cortísimo y que sólo un esfuerzo conjunto y continuado puede llevar a la especie humana por los caminos de la libertad del pensamiento y de la fraternidad real. El ateo no es un nuevo profeta, es simplemente un ser muy realista y humanista que se ocupa con renovadas fuerzas cuando ve al grueso de la población vícti-ma de sueños insuflados por el esquema social, aquí me alejo profundamente del ataque a los capitalistas y gobernantes, ya que ellos también son víctimas del mismo círculo o ¿cuál humano normal como generalidad se congracia con la decadencia y la autodestrucción rei-nantes?. Aquí lo que viene sucediendo es que la especie humana en su inconsciencia crea y recrea una estructura socioeconómica que la aliena profundamente, velándole su potencial de comprender el universo y a sí misma.

Al proponer que los ateos en consecuencia con su pensamiento liberador actúen enérgica-mente en la creación de estructuras económicas colectivas de nuevo tipo, no se quiere repe-tir la historia del experimento socialista del siglo pasado. Se debe buscar la construcción del ambiente que libere al individuo y en consecuencia a la sociedad, porque sólo sobre la base de nuevas estructuras económicas es posible alentar el crecimiento de la consciencia indivi-dual y social.

La libertad del individuo consiste en el uso de su cerebro, en el pensamiento profundo, en el análisis crítico y constructivo de su medio, en el reconocimiento del ser social, en el albe-drío para decidir, tomando en cuenta el máximo de variables, una conducta personal que al no ocasionar daño al medio no le cause a él mismo un daño personal y que contribuya al progreso social.

Para que el humano alcance los niveles de liberación expuestos, es necesaria una terapia lenta e incesante, sabemos que cuando el cerebro no se usa se atrofia y enferma, por ello escuchamos continuamente afirmar: 'La sociedad está enferma'. Esta sociedad enferma no es más que una cantidad ingente de individuos que no piensan, si no que repiten sin razón un esquema que los aliena y los enferma en un ambiente caracterizado por el caos. De ahí el complejo proceso de la mencionada terapia, la cual necesita la participación activa de los individuos. La construcción de estructuras económico sociales que permitan la liberación, conlleva necesariamente a que los individuos participen conscientemente, o sea que por voluntad propia y profunda convicción decidan convertir la nueva tarea en su proyecto de vida; el individuo debe realizar una tarea formidable para deslindarse de la mitología tradi-cional, enfocando su esfuerzo en el estudio profundo, de tal manera que logre una visión universal y científica del ser. Esta tarea no puede ser lograda de forma individual, es indis-pensable el esfuerzo colectivo. Cuando el individuo solo lucha quijotescamente por la su-pervivencia y por alcanzar un nivel material de vida digno, no puede lograr un espacio para el pensamiento y el estudio profundo del universo, su quehacer se va desvaneciendo en un estrecho campo de miras al ritmo de su envejecimiento.

Sólo trabajos conjuntos, como el expuesto, permitirán crear poco a poco las nuevas condi-ciones del desarrollo social científico-humanista, que harán desaparecer de nuestras mentes los imaginados dioses producto de nuestra ignorancia.

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