EL ATEISMO Y EL SEXO.Ponencia primer congreso mundial de ateos.Autor: Ulises Casas Jerez
[casasulises@hotmail.com].
Fecha: 13 de Enero de 2001.
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Uno de las más traumáticos fenómenos sociales que penetran la esencia misma del ser humano es el del sexo. A partir de la sociedad primitiva, en donde lo instintivo era lo predominante y, por consiguiente, la reproducción del individuo de esa sociedad era un acto natural similar al del animal, su más inmediato ser viviente, el sexo se convirtió en una especie de 'Tabú' en el espacio de las conductas sociales. En efecto, cuando el cacique o dirigente de la Tribu o Comunidad asume la administración de los bienes comunales como si fuesen propios, o de su familia, se genera el fenómeno de la sucesión o herencialidad de las posesiones sobre el acumulado material logrado por la actividad económica comunitaria. De ahí a la comunidad de propiedad privada sobre las riquezas o medios de producción ya es un hecho. Los ciclos históricos, en donde unos pueblos se convierten en conquistadores de otros pueblos y se establecen los imperios, son escenarios, también, de normas sociales en las cuales el fenómeno sexual desempeña una papel de importancia. La poligamia, la poliginia, las familias promiscuas, etc. responden a la evolución de las formas productivas sociales que generan dichos fenómenos culturales.
Por cuanto el ateísmo no ha tenido influencia alguna de importancia en las sociedades conocidas en la historia humana, lo referente al sexo ha sido algo sin importancia en quienes eran ateos. El sexo es importante para los teístas de todos los tiempos ya sea en el sentido de su reglamentación o su ejercicio indiscriminado. El sexo es reglamentado para ciertos sectores en forma diferente a como se toma para otros. En las castas dominantes adquiere un carácter formal y para los dominados real. Esto por cuanto el poder económico determina, en lo general, conductas muy diferentes en lo que se refiere a la actividad sexual del ser humano.
Es en la sociedad de propiedad privada en donde lo referente al sexo adquiere carácter más definido; se trata de establecer las reglas de la sucesión hereditaria de los bienes del jefe de la familia. El sexo bifurca sus efectos: por un lado es la forma reproductiva que, a la vez, garantiza la sucesión del jefe de familia y del patrimonio de la misma en los hijos. La propiedad privada gira alrededor del hombre como jefe de la familia. El hombre es el director único del trabajo y patrimonio familiar. La propiedad privada sobre las riquezas o medios de producción genera el machismo.
Simultáneamente al establecimiento y desarrollo de la propiedad privada, la cual evolucionó dentro de un proceso histórico de miles de años, la familia va adquiriendo consecuentes formas hasta llegar a la que actualmente conocemos y vivimos.
La familia actual no es, esencialmente, distinta a la correspondiente a los diversos ciclos históricos anteriores al nuestro. La familia común de la era de los grandes imperios egipcios, babilónicos, griegos, romanos, chinos, hindúes, orientales, fue similar a la que actualmente conocemos. Son sus formas las que se distinguen mas no su esencia en donde el hombre es el determinante de su vivencialidad material y cultural.
En otro sentido el sexo es fuente de placer, al lado de ser fuente de reproducción biológica. El aspecto del placer es asumido en diferente forma al aspecto reproductivo. En la familia tradicional y común, machista y patrimonial hereditaria, el placer no es lo primordial para el jefe de la misma, el varón. Para el macho de la familia patrimonial, el placer sexual se lleva a cabo por fuera de ella: en la prostitución o en los espacios de la poligamia o los harenes.
El doble carácter del sexo, el de la reproducción y el del placer, se acentúa en la sociedad capitalista en donde se multiplican las ocasiones para el desarrollo del placer sexual al lado de su función reproductiva, la que tiende a ser limitada. Mientras en un comienzo el sexo es predominantemente reproductivo y secundariamente placentero en el común de las gentes, su devenir tiende a invertir el proceso: el sexo pasa a ser predominantemente placentero y secundariamente reproductivo..
El teísmo tiende a sostener el carácter reproductivo del sexo en función de la ideología del creacionismo. De acuerdo a las religiones dominantes, particularmente las de Occidente, el dios único ha sido el creador de todo lo existente, en consecuencia, del hombre. Le ha dado a éste determinadas funciones y deberes, entre ellas la de reproducirse. Bajo este principio el teísmo establece todo un ceremonial para el apareamiento de los humanos. Todo lo que no esté reglamentado por la religión es pecaminoso y condenado por las jerarquías sacerdotales. El sexo es algo que no puede estar al margen de la ordenación religiosa so pena de sanción ya sea en lo que las religiones llaman esta vida y la otra. Por ser una actividad reglamentada religiosamente, el sexo se convierte en algo secreto, en algo intocable por el individuo en forma marginal a los cánones establecidos. La familia vigila el sexo de sus hijos porque tiene trascendencia para la misma: por una parte porque se trata de la herencia y por la otra porque se encuentra enmarcado dentro de cánones morales o religiosos. En el primer caso, principalmente en el caso de la mujer, se ha de vigilar porque la herencia que le ha de corresponder ha de estar asegurada en un pretendiente que ofrezca seguridad en el manejo de la misma; en el segundo caso, y también principalmente respecto de la mujer, porque su 'moral' consiste en conservarse 'virgen' hasta tanto se lleve a cabo el respectivo ceremonial matrimonial. Con el desarrollo de las fuerzas productivas y el constituirse una sociedad en la cual la mujer va participando en la producción, la situación cambia: de dependiente del varón o jefe de familia, debido a su dependencia económica o de subsistencia, la mujer que entra a los espacios del trabajo productivo y, por lo mismo, generador de ingresos por su trabajo, se va liberando de ese dominio que es esencialmente económico. Entonces el sexo se libera tambén. La mujer de la modernidad entró a los espacios de lo que ella misma ha venido denominando la 'liberación femenina' lo que, a la vez, es entendida en diversas formas según el activismo de sus diversas organizaciones femeninas.
Quienes primero se escandalizan con la liberación de la mujer son las jerarquías religiosas; esto por cuanto pierden, también, ese dominio sobre el mundo femenino, el más creyente, el más piadoso, el más sumiso y el que le garantiza el dominio ideológico-religioso sobre la familia, por lo tanto, sobre las generaciones siguientes. El teísmo puede ser el más afectado con la liberación de la mujer, por el denominado 'amor libre' que también adquiere diversas connotaciones según sea interpretado por el hombre o por la mujer en determinados espacios sociales, ideológicos, políticos y culturales.
Para los ateos, el sexo ha sido un fenómeno que no ha trascendido por cuanto no se ha ejercido influencia ideológica, social, política o cultural dentro de las diversas formas sociales que la humanidad ha conocido. Los criterios ateístas sobre la familia, la sociedad y el individuo se han mantenido en la esfera personal de quienes se afirman ser ateos. Lo que sí se puede afirmar es que los ateos han sido y seguimos siendo materialistas filosóficamente; entonces, consideramos al sexo como algo natural, como algo de la instintividad del ser humano, en forma parecida, aunque no igual, al animal no pensante ( eso creemos, que no es pensante, aunque parece que sí lo es aunque no en forma igual a nosotros). Los ateos, los que lo somos como efecto de nuestro pensar filosófico materialista, carecemos de la obsesión por la propiedad privada; esto nos resta interés por el carácter reproductivo herencial de la actividad sexual, también carecemos de la obsesión por la vida y, en consecuencia de la muerte; esto nos lleva a considerar el sexo en su componente sensual o de placer pero sin convertirlo en una obsesión o en algo predominante ya que lo que consideramos como fundamental en el ser humano es su carácter intelectual que lo distingue del animal en el cual lo sexual sí es fundamento de su sobrevivencia. En este momento del desarrollo de la ciencia, el sexo se sitúa en un lugar diferente al que ha venido ocupando históricamente. La reproducción del individuo se puede llevar a cabo sin efectuar el acto sexual. Entonces, su función reproductora ha desaparecido. El ateo no tiene interés en reproducir sexualmente la especie porque atiende al desarrollo de la ciencia. El sexo sería, entonces, una actividad marginal de su existencia en la cual lo intelectual es lo fundamental. El apareamiento del ateo seria algo tan natural como lo fue en un comienzo de la humanidad sin el elemento reproductivo social como predominante y el placer no sería el único incentivo sino la identidad ideológica y del hacer social, político y cultural. Al no ser algo exclusivo ni determinante, la relación sería completamente diferente a lo que es hoy, en término de monogamia o poligamia. Está planteada la discusión al respecto.