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SIMÓN TRINIDAD, DE ARISTRÓCRATA BURGUÉS A GUERRILLERO SIN PROGRAMA.
¿Quien es Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda?.

Autor: Ulises Casas Jerez [casasulises@hotmail.com].
Crítica Política Numero: 114.
Fecha: 01 de Enero de 2004.

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Los medios de publicidad han hecho gran despliegue con la captura de un guerrillero de las FARC cuyo nombre es Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda; y hacen bien porque como toda empresa capitalista, se nutren de sus mismos comerciantes y ricos burgueses; en este caso el guerrillero burgués le da a esos medios, que son los de su clase, una oportunidad más para vender y su imagen es un gran motivo para ello. Su vida es un venero de fantasías para el público que delira con el montaje de telenovelas.

El ser humano es un complejo tejido de manifestaciones de todo orden; desde su mismo engendramiento va siendo moldeado para 'actuar' el resto de su vida. Este hombre, al cual nos referimos es el producto de infinidad de situaciones como lo han sido otros de similar contextura. Hijo de una familia prestante ( por aquello de su influencia como poderosa económicamente, no solamente como prestamista), tuvo todo lo que un ser humano de gran poder económico puede desear: buena crianza, educación en los mejores colegios, universidad y luego un Banco; sí, un Banco en donde lo de prestante se confunde con el poder y establece una familia de poderosos.

Pero nuestro personaje se desvió de su carrera; cualquier día le dio por quemar los préstamos de su banco y huir; pero no huyó como todos los que hacen eso; se fugó para la guerrilla alegando que era revolucionario. Tal vez en su imaginación se colaron los héroes del sigo XX: El Che Guevara, Fidel Castro, Ho Chi Min, Mao Tze Dong, etc. El personaje se creyó poseído por el mesianismo que a esos héroes signó para que se convirtieran en los redentores de sus pueblos y el deseo de serlo para Humanidad sufriente, lo convirtió en un guerrillero de verbo florido y radical. El mesianismo fue un mal de burgueses y pequeñoburgueses del siglo XX. Las grandes masas los tienen ahora en afiches de toda clase y los jóvenes de todos los sexos que corren tras la droga y los artistas de la farándula y el cine también los colocan en sus vestideros y desvestideros.

La locura mesiánica del sr. Palmera continuó luego de la huida del banco; lo primero que hizo fue 'rebautizarse' para entrar a la nueva religión: y se colocó el nombre más extraño. Escogió dos nombres de los innumerables que sus padres le pusieron a Simón Bolívar. El Libertador tenía el siguiente nombre: 'Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar'; nuestro héroe escogió los dos que se le ocurrieron y así nació a la vida revolucionaria a la que le dio todo lo que tiene: el poder familiar y el poder económico. Por ello es de lo más arrogante y prepotente que se pueda concebir cada vez que los medios lo enfocan para destacarlo. Pero hay otro episodio que le marca su mesianismo y redentorismo: en Ecuador se colocó el nombre de 'Cristo Rey Mariscal Peralta'. Es el nombre de un ciudadano del común en el Ecuador, a quien sus padres, seguramente más cristianos que el mismo Cristo, le colocaron semejante nombre. Si estas conductas no tienen todo el toque de la locura, entonces los locos somos el resto de ciudadanos que habitamos este pobre y sufrido territorio de Colombia.

El caso de este señor nos demuestra la pobreza mental del ser humano cuando no tiene claro su propia vida; surgido de la más remota y primigenia causa, el ser humano se convierte en un ser que da pasos incoherentes, disímiles, opacos o brillantes en busca de poder; siempre en busca de poder; unas veces el poder económico, otras veces el poder social, otras el de la fama, etc. etc. En un mundo en el cual todo lo vano tiene valor, el individuo no acierta a encontrarse a sí mismo; y alega causas justas, románticas aventuras, figurar en los medios de todo el mundo; el todo es que lo noten, que lo admiren, que lo conozcan. El señor Palmera no ahorraba esfuerzos por aparecer, durante los 'diálogos del Caguán', con su fusil al hombre, su toalla en el pescuezo a imitación de su supremo jefe y con un discurso fundamentalista, mesiánico, terrorífico, dogmático y radical en todo. Se paseaba como un Mariscal de campo en medio de sus interlocutores, los miembros del gobierno que deseaba llevarlos a las negociaciones de paz; mientras estos ostentaban sus bolígrafos de lujo, los guerrilleros y el señor Palmera exhibían su fusil, su sombrero de combatiente y su uniforme de camuflado. Qué espectáculo para llevarlo a la pantalla grande y chica. Y mientras todo esto se exhibía, las órdenes para colocar bombas y cilindros a las poblaciones indefensas no se hacían esperar y tampoco para que secuestrara a sus hermanos de clase, los burgueses ricos que ayer no más acudían a su banco, incluso a su propios familiares; porque el fundamentalismo no se para en sentimentalismos familiares; ya conocimos cómo en la época de la violencia conservadora-liberal se mataban entre padres e hijos, entre hermanos, porque el uno era godo y el otro liberal, cachiporro. Nuestro héroe se mostró como es cuando lo capturaron y lo exhibieron a los medios: tenía que seguir blandiendo el mesianismo y por ello gritaba y gritaba vivas a su entrañable héroe a quien le robó dos nombres, Simón Bolivar, y a su movimiento al cual le augura la toma del poder. Nuestro país es muy particular: los burgueses son los que han militado más y mejor en los movimientos que se tildan de revolucionarios y han ido hasta el monte a coger las armas para tratar de ocupar los puestos de sus hermanos de clase. Así lo hizo incluso un hombre que primero quiso ser sacerdote para luego, en lugar de la hostia, empuñar el fusil; y si esto sucedió con él, qué no podríamos esperar de otros.

Que el señor 'Simón Trinidad' o 'Cristo Rey' descanse en paz en los calabozos y cárceles de sus ahora verdugos y antes hermanos de clase y que nos dejen un poco de tiempo para descansar del ruido de los medios de comunicación, también de propiedad de esos mismos burgueses, hermanos del detenido.

Para quienes disentimos de la clase de acciones de estos héroes el peligro correría cuando ellos accedan al poder político: al menor disentimiento, nos fusilan o nos condenan a la cárcel por el resto de nuestras vidas. El Mesías, el Redentor, el Emperador, del Déspota, el Jefe, se considera que tiene la verdad absoluta, el derecho de vida y muerte sobre los demás; para esta clase de personajes el mundo les pertenece con todo lo que se encuentra en él, naturalmente, quienes vivimos en este planeta. No es sino recordar a los más sanguinarios invasores de continentes y naciones, a los dictadores de todo pelambre y de todo nombre y calificación. Estaríamos perdidos quienes escribimos en forma independiente bajo el poder de individuos como este señor que dice ser Bolivar reencarnado o Cristo Rey en ejercicio, además de ser Mariscal. El hombre a quien suplantó el Ecuador salió a decir que la mayor ofensa que ha recibido en su vida es que un individuo como el Señor Palmera hubiese usurpado su nombre de humilde ciudadano pero honrado.

Seguiremos conociendo durante mucho tiempo esta clase de sujetos porque la Humanidad tiene por delante mucho tiempo para acceder a la racionalización, pero no a la racionalización burguesa cartesiana que solo ha servido a la burguesía sino a la racionalización real, la del Humano universal. Pensamos que es un proceso lento, pero que la evolución humana se dirige hacia ese nivel; y entonces podremos hablar de libertad real.

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